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Manzanillo es azotado por un
fuerte ciclón que lo destruyo en un 60 % La región de Manzanillo apacible, sus campos y cerros limpios de nubarrones y se observaba una tranquilidad atmosférica, sin rastros de lluvias; el tiempo de un momento a otro comenzó a tornarse gris oscuro, observándose por la parte sur del puerto negros nubarrones amenazantes; y para el día 25 de octubre de 1959, comenzó a llover fuerte en toda la región, Salagua, Santiago, Campos, Miramar, Tapeixtles, El Colomo, Punta de Agua, Camotlán de Miraflores, y más para allá de estos lugares. La lluvia no calmaba ni de día ni de noche, para el día 26, la estación metereologica de este lugar comenzó a pasar boletines de tiempo por las estaciones radiodifusoras XECS y XEAL, informando a la población sobre el mal tiempo y el ciclón que se formaba frente a las costas de Manzanillo, hacia el sur, la gente atemorizada, esperaba de un momento a otro la llegada del meteoro. Para el día 27 de octubre en la mañana la capitanía de puerto y la Presidencia Municipal anunciaban por medio de camiones con sonido la llegada del ciclón, que según informes de la estación Metereologica se movía a una velocidad de 150 kilómetros por hora en dirección a Manzanillo. La lluvia no se quitaba y por el contrario arreciaba más; ya para las 22:00 horas comenzó llegar la avanzada del viento con fuertes rachas huracanadas que ya era insoportable, las personas que a esa hora andaban por las calles, el transitar era bastante penoso por la fuerza del viento. El público asistente a los cines RIALTO y JUÁREZ, comenzó a abandonarlos para llegar a sus hogares, como bien podían. Para las 23:00 horas ya se encontraban en la región, la furia ciclónica y vientos de más de 200 kilómetros por hora, al filo de las 24:00 horas el viento era insoportable, y de adentro de los hogares se oía el canto de muerte del viento, al tocar los cables de la energía eléctrica, y parecía que se reían con gritos desgarradores por lo que sucedía a esa hora. El viento, metía mucho agua por debajo de las ventanas y puertas, ya nadie estaba dormido porque esperaban lo peor, deseando de salvar sus vidas. Como a las 3:00 horas del día 28 de Octubre el fuerte ciclón, comenzó a tumbar postes de la energía eléctrica y los techos o casas de personas humildes y escasos recursos, eran voladas por los vientos y sus ocupantes expuestos a la muerte sin que nadie fuera en su auxilio, ya que de salir a la calle, de seguro hubiera muerto por el impacto sufrido de las láminas, tejabanes o ramas de árbol que arrastraba el viento, y hasta de las tejas que volaban como hojas de árbol. De vez en cuando se oían gritos y llantos, eran las personas que trataban de defender sus vidas y sus hogares habían sido destruidos. Como a las 6:00 horas, se sintió un fuerte temblor que viene a agravar la triste situación desesperada, lo que arruinó más las casas que se encontraban semidestruidas. Para las 6:00 horas comenzaba a debilitarse el viento y la lluvia; y a las 7:00 se pudieron abrir puertas y ventanas de los hogares, contemplándose lo más triste de la vida; la mayoría de las casas de los cerros en todo el puerto, destruidas en un 60 y miles de personas sin hogares se veían en los corredores de los edificios federales, presidencia Municipal, y escuelas y en la de los particulares que eran de material y que no habían sufrido destrozos. El barrio de la Pedregosa fue el más terriblemente destrozado, debido a que bajó del cerro una gran cantidad de agua y lodo, destruyendo todo lo que encontraba a su paso inclusive, sus moradores, habiendo fallecido por ese concepto cerca de 200 personas y, en total en todo el puerto unas 260, entre hombres, mujeres y niños; unos tapados de lodo, otros por haberles caído sus casas encima, o por cualquier otro motivo, por ese fue el saldo de muertos, algo triste para la historia de Manzanillo. Al pasar por las calles y en los corredores de Palacio Federal, Presidencia Municipal, escuelas Juárez e Hidalgo, se podía contemplar cuerpos tendidos, velándolos sus deudos, y cuyos cuadros de dolor eran insoportables. En todo el Puerto no había agua, los alimentos comenzaban a ser ocultados por los comerciantes hambreadores; pero las fuerzas federales de la guarnición de la Plaza fueron apostadas en las puertas de los comercios, para impedir que los cerraran y evitar los robos por asalto que ya se cometían en algunos establecimientos o bodegas, cuyos muros había sido derribados. Los habitantes tristes y llorosos, comenzaban a recorrer las calles de la población, para observar de cerca los destrozos causados por el meteoro, algunas personas solicitaban la ayuda económica para llevar alimentos a sus familiares, o bien, para comprar cajones mortuorios, o simplemente tablas para llevarlas al panteón. Al no haber ni cajones ni tablas para que los carpinteros los hicieran, se veía con bastante tristeza que en las tarimas de los camiones llevaran tres o cuatro muertos envueltos en petates. La bahía limpia de embarcaciones, todas habían desaparecido, una hundidas, otras arrojadas contra los morros o las playas. Los barcos de la marina mercante CARIBE, SANTO TOMÁS y CORSO, fueron arrojados y hundidos junto al muro de rompeolas , el guardacostas 27, de la Marina de Guerra, y el mercante PINGÜINO, fueron arrojados a la Playa de San Pedrito, y el mercante JALAPA fue arrastrado por el viento hasta los arrecifes de la península de Santiago, junto a la Audiencia y hundido, sus tripulantes se salvaron. Otro barco de la Marina mercante SINALOA, que había sido despachado por la Capitanía de puerto para Acapulco, guerrero., el día 27 de octubre, en la tarde, fue hundido con la mayoría de su tripulación , habiéndose salvado únicamente 11 de ellos. No se supo exactamente el lugar del hundimiento debido a que, como lo indicaron los náufragos, él mas embravecido con gigantescas olas muy fuertes, y el viento con sus rachas de más de 200 kilómetros por hora, la borrasca implacable y la noche tenebrosa, alumbraba sólo por la luz de los relámpagos, impidió saber el lugar de hundimiento, pero que bien pudo haber sucedido entre las Playas de Oro y Barra de Navidad, ya que los supervivientes fueron recogidos frente a las playas de Chamela, Jal.
José María Sandoval González Libro “Manzanillo nació del mar”, 1978.
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