|
MANZANILLO EN LA ÉPOCA PREHISPÁNICA
Es sumamente difícil saber con precisión de dónde vinieron los primeros pobladores que habitaron nuestro municipio. La mayoría de lo que se dice son suposiciones que por supuesto tienen sustento histórico, pero no se puede definir con exactitud de dónde provinieron los primeros habitantes de la región. La verdad no está aun comprobada por los hombres de ciencia y se halla todavía detrás de una cortina de misterio impenetrable.
Fueron tan numerosas las peregrinaciones de los pueblos primitivos, que en toda nuestra república se encuentran muy dispersos los vestigios de ellos. Por ejemplo los nahoas o nahuatlacas, divididos en colhuas, chalas, xochimilcas, tlaxcaltecas, toltecas, xicalangas, aztecas o mexicanos, xaliscas, colimas, etcétera, se extendían desde el Golfo de México hasta las costas del Pacífico.
Se afirma que los primeros habitantes de la región que ahora comprende el Estado de Colima, y por ende de Manzanillo, y gran parte de Jalisco y Michoacán, llegaron hace aproximadamente 2500 años.
Los más antiguos pobladores de Colima de que se tiene noticia fueron los otomíes, que se establecieron en las costas del Pacífico Mexicano, allá por los años 250 al 750 después de Cristo.
Hubo además otras pequeñas tribus que vivieron en esta región, pero no alcanzaron a desarrollarse porque llegaron grupos más fuertes y numerosos de la raza nahua que peregrinaban con rumbo al centro de México.
Entre los años 900 a 1154 florecieron en Colima los grupos Toltecas, que ya hemos dicho eran de origen nahoa, los cuales impusieron su cultura más avanzada a los pueblos primitivos que encontraron aquí.
Finalmente arribaron las peregrinaciones chichimecas, durante el período de 1154 a 1428, dejando en Colima numerosas huellas de su vida y sus costumbres.
Muchos años antes de la conquista de México por los españoles, esta región ya se encontraba densamente poblada por grupos indígenas otomíes, toltecas, aztecas o mexicanos, colimas, chichimecas, popolacas, tecos, cocas, tecuejes, etcétera.
El trabajo a que se dedicaban los pobladores de esta región, eran principalmente la agricultura, la pesca, la recolección de sal y la minería. El metal más usado fue el cobre, con el que fabricaban adornos y utensilios. El uso del oro y de la plata parece haber sido anterior al del hierro.
Las habitaciones eran de adobe, con techos de zacate. Y se estilaba en la construcción una técnica todavía en uso: el bajarete o pajarete, que consiste en construir paredes de varas o bejucos entreverados y luego forrados o enjarrados con lodo o barro.
El idioma dominante fue el nahuatl pero con muchas variantes y modificaciones.
Se ha demostrado que los habitantes de la región no eran grandes ingenieros ni constructores. A eso se debe que no existan edificios o monumentos grandiosos. Pero en cambio fueron extraordinarios alfareros y ceramistas. Y de ello dan constancia los millones de piezas arqueológicas representando aspectos de su vida, sus costumbres, sus ideas, sus sueños, sus fantasías y sus mecanismos políticos. En la alfarería precolombina podemos encontrar hombres trabajando, cargadores en el momento de levantar pesados fardos, jorobados, cazadores, guerreros con indumentaria distinguida, deportistas como corredores y luchadores, personajes importantes, jueces, mujeres en sus quehaceres domésticos o embarazadas, músicos, madres cuidando a sus hijos, y una infinidad de animales, frutas, plantas y demás. Todo ello realizado con técnicas magistrales que sorprenden por su fidelidad y hermosura. Los pueblos más importantes de la época prehispánica en Manzanillo fueron Tzalahua – Salagua actual-, Moyutla – El Colomo-, , Totolmaloya- Santiago actual-, , Chiametla, -Camotlán-, Malaoaztla – hoy Marabasco-, Aguatán – Barra de Navidad-, Cihuatlán – el mismo-, Gualataca – hoy Cualata-, Cacalutla – desparecido-, entre otros.
Las investigaciones más acuciosas sobre el pasado prehispánico de la región se deben al historiador Carl Sauer, que basó sus estudios en la Relación Breve y Sumaria que como descripción de la provincia escribió el Visitador Lorenzo Lebrón de Quiñones. Más tarde la doctora Isabel Kelly, arqueóloga norteamericana, también, realizó interesantes descubrimientos y dejó valiosos estudios sobre el pasado prehispánico de Colima, así como un rescate muy importante de la cerámica regional.
En esa época la provincia de Colima tenía una población superior a los 350 mil habitantes. |