LOS ALBORES DEL PROGRESO

 

 

Las obras públicas en Manzanillo, como en la mayoría de los puertos del país, se hacían de manera directa con recursos federales. Los ayuntamientos tenían entonces, sobre todo en el siglo XIX, muy poca actividad en ese sentido y más bien se dedicaban a menesteres sociales, como el resguardo rústico de la seguridad o la iluminación de las calles y el aseo de las mismas.
 

La intervención de las administraciones municipales se concretaba a servicios simples, generalmente sometidos a la inspección del gobierno estatal o del federal.
 

Las obras principales eran generadas por la Federación o por los particulares.
 

En esa forma, la primera de las obras públicas importantes, el ferrocarril, vino a ser producto de una inversión en la que participaron el gobierno federal y una compañía norteamericana. Los trabajos se comenzaron en abril de 1881 y habrían de prolongarse hasta el 16 de septiembre de 1889 en que se inauguró el ferrocarril vía angosta, que unió a la capital del Estado con nuestro puerto, sacándolo del abandono y del olvido.

Por años, Manzanillo permaneció en un estado de somnolencia. Las marismas de la laguna y las serias dificultades de insalubridad lo hacían inhabitable. A finales del siglo diecinueve serían  los años en que se pensó en la rehabilitación y en el mejoramiento de la ciudad.  

El Jardín Municipal

 

Siendo Administrador de la Aduana Marítima de Manzanillo, (1885), el General Pedro A. Galván, quizá uno de los mejores gobernadores que tuvo Colima, de su peculio y por su propia iniciativa, comenzó a colocar la empalizada y el terraplén donde se trazó el primer jardín municipal, que por muchos años llevó su nombre.
 

Esa pequeña plaza pública comprendía solamente la manzana frente a lo que fue la antigua Casa del Ayuntamiento, es decir, el actual Palacio Municipal.

 

Durante el período del gobernador  Enrique O. De la Madrid Brizuela, en pleno proceso de transformación de Manzanillo, cuando se hacían las obras del puerto, se edificó la casona municipal de arcos y teja que por años hizo las veces de Palacio Municipal y entonces se creyó prudente mejorar también el jardín, habiéndosele colocado bancas de hierro y madera, plantas y arbotantes de alumbrado público y en general dándosele una imagen mucho más atractiva que la del primer jardín. 

Con el tiempo, el jardincillo pequeño se convertiría en algo mayor, habiéndosele ampliado en dos ocasiones. La segunda de las cuales, al dañarse la Escuela Benito Juárez y ser demolida, acondicionándose el terreno como jardín siendo presidente municipal Jorge Armando Gaitán Gudiño. 

Las distintas remodelaciones de que ha sido objeto nos pintan un jardín que ha tenido muchas caras, como se desprenderá de las gráficas que se aprecian en esta muestra.

 

La Junta Federal de Mejoras Materiales

 

Triunfante la Revolución comenzada en 1910, se implementaron numerosos programas de gobierno que redundaron en el beneficio de muchos estados del país.

En cada jirón de la patria se impulsó el progreso. Y en esa forma, se fundaron escuelas, se expropiaron haciendas para integrar ejidos, se multiplicaron las acciones en pro de la gente, en fin, se hicieron esfuerzos por mejorar el nivel de vida de los mexicanos. En las costas nacionales, se crearon, en cada puerto, las Juntas Federales de Mejoras Materiales, cuya coordinación quedaba bajo el mando del Administrador de la Aduana Marítima.

 

Esas dependencias se encargaban de hacer todo tipo de obras progresistas. Y Manzanillo obtuvo de la suya, importantes avances. La Junta Federal de Mejoras Materiales logró, por ejemplo, la construcción del antiguo Palacio Federal, puesto en servicio en 1937, donde se congregaron las oficinas de todas las dependencias federales y en las que se prestaba servicio de calidad a los ciudadanos.

 

Se edificaron obras de alto nivel como el Hospital Civil de San Pedrito, inaugurado en 1939, uno de los más modernos del occidente en su época. El Túnel que comunica la Laguna de Cuyutlán con el mar y que propició el saneamiento de la ciudad, abierto entre 1935 y 1937.  El Edificio para Bomberos, que aunque no llegó a funcionar como tal, ahora es una útil escuela del municipio la Escuela Primaria “Rafael Ramírez”.

 

También se concretó la introducción del agua potable y la ampliación del rústico sistema de alumbrado público. Por otra parte se logró el primer trabajo de nivelación de las calles contándose con la mano de obra del Ejército Mexicano, a través del Batallón de Zapadores que coordinaron los señores ingenieros Urtusuástegui, Dozal y Lira, que además, construyeron la carretera Manzanillo-Cihuatlán, la Escuela Benito Juárez, el Mercado Municipal “Reforma”, que luego se trasladaría al sitio actual durante el gobierno del maestro Pablo Silva García.

 

De tal manera que las obras de mejoramiento y equipamiento urbano fueron significativas y se enriquecieron con la labor de la Junta Federal de Mejoras Materiales, que en distintas épocas presidieron hombres caracterizados de la ciudad como Don Julián Terminel o Don Tomás Galindo Vázquez, ambos de gratos recuerdos entre los manzanillenses.

 

Conviene puntualizar en el hecho de que esas obras fueron producto de la intervención federal, porque entonces los municipios no recibían dinero efectivo de participaciones ni se les permitía operar en las obras de alto nivel. Los Ayuntamientos tenían la obligación de atender los servicios básicos: seguridad y aseo público, panteones, fundo legal, obras municipales (algunas calles o caminos rurales y reparaciones menores en edificios públicos), e incluso participaban en el quehacer educativo,  colaborando con las escuelas ya sea pagando maestros o restaurando locales.
 

Con los años, la Federación dejaría a los gobiernos estatales la tarea de contribuir al mejoramiento de las municipalidades. Los gobernadores se encargarían más tarde de construir obras y de incrementar la infraestructura urbana.